La hipocresía de una Europa más unida

Bajo la sombra de la bandera azul con 28 estrellas (ahora 27 de nuevo), ni todos los astros brillan igual, ni todos los países se cobijan de la misma manera.

Europa es una, unida y grande… así nos lo quieren vender nuestros políticos más modernos, esos que visten trajes azul marino a juego con la bandera y sus 28 estrellas. Habría que preguntar uno por uno a todos los países miembros si se sienten tratados con igualdad. Y si tratan con igualdad al prójimo.

¿De verdad Alemania se ve a sí misma a la misma altura que Rumanía? ¿Y España, está en igualdad de condiciones frente a Reino Unido? No estoy hablando a nivel institucional o a nivel de desarrollo económico o incluso sociodemográfico. Me refiero a algo más tangible, para los ciudadanos europeos quiero decir, porque a nivel Estado y Gobierno, los políticos verán perfectamente entendible la comparación numérica entre el PIB de Rumanía y el de Bélgica o sus desarrollos económicos.

No me malinterpreten, adoro la idea de una única Europa, de un gran Estado por el que los ciudadanos de sus 28 miembros puedan moverse libremente, junto a sus capitales y bienes. Yo misma he pasado la mitad de mi vida adulta viviendo o viajando por Europa. Es por eso por lo que he vivido en primera persona las diferencias existentes entre lo que es la Unión Europea en la teoría y en la práctica. Entre los ciudadanos de primera y los de segunda, entre el norte y el sur de Europa, entre los países líderes y los PIGS (en inglés estas siglas se refieren a Portugal, Italia, Grecia y España, que se representan como “los cerdos” de Europa). Este tema siempre está de moda, especialmente ahora que Reino Unido ha votado, con una participación del 72%, a favor del Brexit.

En qué clase viajas, según tu bandera

Los países del este de Europa, que no de la Europa del Este, tienen aún ese complejo de inferioridad y de estar eternamente agradecidos a los grandes países por permitirlos entrar a formar parte del juego: Polonia (miembro desde 2004), Rumanía (2007) y hasta ahora no he oído si quiera hablar de Croacia (2013). Por otro lado, se oye a menudo que países como Reino Unido están “hartos”, o eso dicen sus políticos, de “levantar” a países como España o Italia, cuya imagen exterior es de vagos, fiesteros y ladrones.

Cabe destacar que uno de los principales argumentos de los partidarios del BREXIT es el rechazo a la inmigración que viene de los países con más problemas económicas de la unión, como España (cerca de 200.000 españoles viven en Reino Unido según datos de los consulados), Italia, Rumanía o Polonia (que es la minoría más grande en Escocia, seguida por los españoles).

Escándalos de corrupción como la “caja B” del PP en España o las fiestas ilegales de Silvio Berlusconi, que incluían menores de edad, en Italia, no ofrecen una imagen de estabilidad y honestidad, pero tampoco justifican que cunda el pánico como lo ha hecho en Reino Unido, que movido por argumentos populistas como “Europa nos roba” o “entre los refugiados se cuelan terroristas” ha tomado una decisión que podría cambiar el curso de la Unión Europea.

Además, la necesidad de regular el flujo migratorio procedente de países en guerra, como es el caso de los miles de refugiados que llegan cada día a las fronteras de la unión, es una cuestión que preocupa no solo a U.K, sino al resto de países del grupo.

desintegración europea

España: un país de emigrantes y fuga de cerebros

La crisis económica mundial de 2008 golpeó con fuerza España y empezó a hacerse evidente  la “deslocalización del mercado laboral” o lo que es lo mismo el éxodo de españoles y la fuga de cerebros. Miles de españoles cualificados, y no tan cualificados, se echaron las maletas encima y partieron a Alemania o Inglaterra con la promesa de un futuro mejor. La mayoría no hablaban el idioma del país al que emigraban, o tenían un nivel muy bajo. No importaba lo bien cualificados que estuvieran, sin los conocimientos suficientes no podían optar a empleos de alta cualificación. Abogados, farmacéuticos, enfermeras, médicos y profesores, por no mencionar periodistas, trabajan como camareros, Upairs, y housekeepers (personal de limpieza) esperando mejorar su idioma y conseguir una mejor oportunidad laboral. Mientras esto pasa, los nacionales miran por encima del hombro, a veces divertidos, a veces recelosos. No quieren que ningún extranjero vaya allí a aprovecharse de sus benefits (ayudas sociales), a operarse en sus hospitales, a quitarles el trabajo… porque aunque la teoría diga que en Europa hay libre circulación, para los británicos somos inmigrantes, y del sur.

La utopía de una Europa unida que se prometía sobre el papel se ha tornado en algo muy distinto en la práctica. Los papeles dicen que la Unión Europea promueve la hermandad entre países, pero aunque las instituciones lo establecen así, las personas no se miran como hermanos, sino que se miden por distintos baremos. Si antes en España, “los peruchos o panchitos” “nos quitaban el trabajo” y la hostelería hace años que “se llenó de rumanos”, en Gran Bretaña somos los españoles los que copamos hospitality, aunque hay que reconocer que nuestros “hermanos” del este nos hacen dura competencia. Para los “sir” anglosajones no somos más que Spaniards, Mediterranean people que deja sus países buscando algo mejor mientras ellos llenan las playas de Benidorm y a pesar de tener el sello europeo en nuestros carnés de identidad y nuestros pasaportes, ellos siguen beneficiando al nacional, porque al final, somos extranjeros y esto no es lo que Europa prometía.

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basolanilla Escrito por:

3 Comentarios

  1. Pepi
    12/03/2016
    Responder

    Cuando escribas hazlo al menos sin faltas ortográficas.

    • 14/03/2016
      Responder

      Gracias por tomarte el tiempo para comentar mi texto. ¿Te importaría decirme qué faltas has encontrado para que las corrija?. Gracias.

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